
Source: La Opinión (Spanish)
“Hoy es el dĆa en que puedo decir: No fue fĆ”cil, pero lo logrĆ©”, se podĆa leer en el birrete de Yolanda SĆ”enz ChĆ”vez, quien superó infinidad de obstĆ”culos para titularse como maestra en la Facultad de Educación de Cal State Dominguez Hills.
Yolanda, madre de cuatro hijas era la mƔs feliz de todos los graduados que se congregaron en el Estadio de Tenis del Dignity Health Sports Park, donde un total de 4,200 estudiantes obtendrƔn el broche de graduados y lo colocarƔn en sus togas.
āĀ”SĆ se pudo!, Ā”SĆ se pudo!ā, corearon sus hijas, antes de la ceremonia de graduación, y al concluir le colocaron varios collares de orquĆdeas en el cuello, mientras que su esposo, Guillermo ChĆ”vez, le obsequio un beso y un ramo de flores con la calificación A+.
āUno de hispano ha crecido con la tradición de que las mujeres tal vez no van a la escuela porque deben ser amas de casa, cuidar a su familia, a su esposoā, dijo Yolanda, nacida en MichoacĆ”n, MĆ©xico. āEse era el pensamiento de mi mamĆ”ā.
Fue despuĆ©s de que nació su tercera hija cuando Yolanda y su esposo acordaron que ella se quedarĆa en casa. Pagaban demasiado dinero en la guarderĆa.
āMi decisión era darles 100% de mi tiempo a mis hijas, pero siempre me quedaba por dentro el deseo de ser maestraā, dijo la graduada.
āMami es una cosa grande lo que has hechoā, valoró su hija Xitlali, de 21 aƱos, quien, por su parte, se graduarĆ” en Ciencias PolĆticas, en el mes de junio.

Los logros de Yolanda SƔenz ChƔvez no pudieron haberse logrado sin el respaldo de su esposo.
āYa vamos a cumplir 30 aƱos de casados y Ć©l es un buen hombreā, valoró ella.
āHizo lo que quiso porque querĆa lograrloā, expresó Guillermo ChĆ”vez. āCreo que lo mĆ”s difĆcil era verla angustiada cuando tenĆa que hacer muchas tareasā.
La Universidad Estatal de California Dominguez Hills tendrÔ cinco ceremonias mÔs de graduación, y se prevé la asistencia de mÔs de 40,000 invitados.
āNuestros graduados se dedican a servir, cuidar y sanar a nuestras comunidades, en un momento en que realmente necesitamos amorā, declaró la doctora Mary Ann Villarreal, presidenta interina de CSUDH. Ella recibió el nombramiento de la Junta de Regentes el 1 de enero.
āEstoy increĆblemente orgullosa de en quiĆ©nes se van a convertir y de lo que van a hacer. Van a cambiar nuestras comunidadesā.
En efecto, la Clase de 2026 refleja la misión de CSUDH de ofrecer una educación accesible y de alta calidad que prepara a los graduados para satisfacer las necesidades de la fuerza laboral regional en los sectores de salud, educación, negocios, servicio pĆŗblico y tecnologĆa.
AdemÔs de reconocer la perseverancia y logros de graduados de la Facultad de Artes y Humanidades, y los de la Facultad de Educación, Villarreal invitó a los profesionales a tener siempre el deseo de fortalecer a las comunidades que representan, apoyando a otros en su camino hacia el conocimiento.
āTodo eso estĆ” entretejido en el tĆtulo con el que saldrĆ”n de aquĆ hoy [ayer]. Por lo tanto, no es solo un trozo de papel; es un sĆmbolo de todo lo que han logradoā, subrayó, y les recordó que, al recibir su tĆtulo āasumen tambiĆ©n una cuota de responsabilidad: la de poner a trabajar sus habilidades, su experiencia y sus credenciales; la de compartir su conocimiento; y la de tener la audacia de cambiar el mundo para mejorā.
Objetivo cumplido
Irene LucĆa Harapat, otra mujer latina graduada, narró a La Opinión la aventura de su vida, desde que dejó la escuela a los 16 aƱos para cuidar a su padre enfermo, y su regreso a la escuela, a los 37 aƱos, para demostrarle a sus hijas que ellas pueden tener mayores logros en la vida. Ella obtuvo su certificado de enseƱanza en un colegio comunitario.
āMi papĆ” [Darrel Harapat] estaba paralizado porque habĆa tenido una embolia se quedó sin apoyo y eso le rompió el corazón y su salud empeoróā, contó. āYo dejĆ© de estudiar, porque mi papĆ” no se podĆa cuidar a sĆ mismoā.
Pero sucedió que su novio -su ahora esposo, Edberg Camacho- y su familia les ofrecieron ayuda. Edberg habló con su mamĆ”, MarĆa, y con su padrastro. Ellos recibieron en su casa a Irene LucĆa, a su hermano y a su padre.
Sin embargo, la motivación mĆ”s grande de ella para regresar a estudiar una carrera fue Sarai, su hija, quien tenĆa problemas del habla desde los dos aƱos.
āMe dediquĆ© a buscar ayuda por todos lados para mi hija; la llevaba dos veces por semana con su terapista del lenguajeā, recordó. La niƱa, ademĆ”s, habĆa nacido con problemas respiratorios y cuando tomaba leche vomitaba.
āĆbamos a cada rato a emergencias para ver a especialistas y no le encontraron nadaā, dijo.
DespuĆ©s de varios aƱos, encontraron la razón del porque se le enredaba la lengua a la niƱa y no podĆa pronunciar palabras.
āFue algo tan chiquito lo que tenĆa. Ā”Su lengua estaba pegada al paladar! Ā”Ni a mĆ ni a nadie se nos ocurrió moverle la lengua! La niƱa comenzó a mejorar en su expresión vocal cuando iba en cuarto grado de primaria.
Y, aunque Irene LucĆa, nacida en la ciudad de Compton, pretendĆa inspirar a sus hijas para que pensaran en una carrera universitaria.
āMe sentĆa hipócrita decirles lo que ellas deberĆan hacer, pero yo no lo hacĆaā, dijo.
Fue de ese modo que platicó con su esposo de sus planes, y aunque trabajaba y estudiaba, culminó en dos años su objetivo de graduarse para ayudar a niños autistas o que padecen dislexia.
āDe todas las cosas bonitas que me pasaron, estoy orgullosa por el apoyo que me ha dado mi esposo y mi suegra [MarĆa] durante todos estos aƱos para que yo pueda terminar mis estudiosā, dijo Irene Lucia. āSin el apoyo de ellos yo nunca lo podĆa haber logradoā.
Una comunidad estudiantil diversa
La Universidad Estatal Dominguez Hills tiene un total de 14,262 estudiantes: 12,473 de pregrado y 1,789 estudiantes de posgrado, de los cuales el 80.5% pertenecen a grupos subrepresentados: afroamericanos/negros, latinos/hispanos y nativos americanos.
Entre estos estudiantes, el 68.2% son hispanos/latinos; 12.2% negros/afroamericanos; 7.7% asiƔticos, 4.8% anglos y 2.4% dos o mƔs razas.







